Sin poder dormir

Cuanto dicen los recuerdos
es efecto del olvido.

Olvidé lo que era escribir
y todo lo que sentía.
¡Cómo guiabanme las palabras
cuando no las conocía!

Y ya de tan usuales,
en el hombre me adentré,
mas no aprendí de a mucho,
más bien me decepcioné.

No somos sino espejos….
Y jugamos…
Y cantamos…
más,
cuando en los otros vemos.

Presente

Porque la poesía no tiene sentido
Porque lo vivido es inhumano
Porque me da asco estar viviendo
siempre bajo un viento desgraciado.

Y se interpone la emoción,
la falsa pero cercana;
la comodidad y su proyecto,
enfrentado al firmamento renegado.

Mientras en el sueño: mi sustento,
de una lágrima ausente: una cascada.

Y del crujido un diario llora,
el rasgarse de su aliento.
El odio y el amor, el rompimiento,
que alegría e ineludible pena ahora.

Tristeza del embarque de la ausencia;
de ella misma: compañera.

A

Porque vuelves a mí como constante preferida, porque alimentas mi necesidad de imaginación, porque me haces hallar la felicidad. Me haces entrar en mi zona de confort para luego sacarme de allí a patadas.

Me escupes, molestas, fastidias, pegas, dañas…

Me enamoras…

¿Por qué?

In response

De espejo a espejo

Infinito,

De mirada a mirada

reconocimiento

 

Mira y entiende quien no ve

Se refleja y saluda

al infinito

en su ausencia.

 

 

Vertebra el objeto

lo que a la realidad

invisible es

 

Su respuesta es sombra

que se arquea al no verse

en la claridad de su pregunta.

Golpes

Entretanto, en el castillo la perfecta imagen seguía sin ser vista. No se daba un reconocimiento conciente por los transeúntes o habitantes. Se cierra la puerta y con ella se cierran las probabilidades de abrir más, pero las hay. ¡Hay más puertas! La llave. ¿Dónde está la llave?

En tan inmensa construcción siempre ha habido misterios, han habitado fantasmas. Fantasmas que de forma sutil emergen de entre las fachadas más pulcras de aquel castillo construido por hombres. Pieza a pieza, ladrillo a ladrillo (y siguiendo de manera fiel las instrucciones), se ha forjado el castillo a manera de complejo laberinto. ¡Hay que romperla! No, se desmoronaría.

Como en toda construcción intervenida, buscando la perfección, las bases se avistan de manera borrosa pero claramente comprensibles.

La puerta cerrada emana una aroma indiferente. Sola e imponente obstruye el fluir de las cosas. Sola: ella y su perfección.

Afán. Afán afanoso que apura al más calmo.

Golpean las olas fuertemente contra los muros concretos. Golpean y hacen temblar. Tiembla la puerta. Hay que correr. ¡Rápido! Se desmorona, empiezan a caer escombros desde lo alto. Llega la noche. La brillantez del día llega a su fin. Con la noche la distinción se vuelve una tarea complicada.

Cae todo. Todo tiembla. ¡El piso se mueve! La puerta, indiferente, sigue en pie.

No hace falta que se abra el telón para saber que la obra ha comenzado.

80 hojas rayadas.

08/01/13

80 hojas rayadas. Tan solo 47 sobrevivientes a las injurias escritas en los vírgenes espacios de sus anteriores compañeras. Pensadas para un uso específico, arrancadas y botadas por no haberlo cumplido satisfactoriamente, las 53 hojas que ahora faltan, son testigos de cómo un mundo dominado por otros, hace de sus sufrimientos un futuro incierto. Incierto pero no desalmado, no falto de gracia, no falto de opciones. Su oportunidad de continuar en el mundo de forma cambiante se refleja a manera de agradecimiento. Estas acompañantes de vida yacen ahora sumergidas en nada más que la memoria.

Esto no es más que un pequeño homenaje a ellas.

Se cree quien se crea.

Envuelto por la densa niebla se encuentra su hijo. Sin darse cuenta, sigue su vida. La niebla solo deja entrar a la gente que él quiere o cuando de ella precise su inconsciente. Su vida parece normal gracias a eso.
Despues de haberlo intentado todo, cansado, el padre se acuesta a dormir.
Soñando despierto veia a su hijo en la niebla.
Ahora que sueña dormido, lo ve pequeño, inocente, jugueteando por los amplios campos. Su sueño parece volverse realidad, ha salido de la niebla, ahora su hijo es libre, el padre corre hacia él y lo abraza como nunca lo hizo hasta ahora.
Cuando el inocente muchacho crece, consigue trabajo en una empresa de celulares, el padre lo visita de a dos o tres veces por semana en la gran ciudad a la que se ha desplazado. La madre, siempre atenta, controla todo desde fuera, viendo la vida de ambos seguir sin sobresaltos. Cuando el padre muere, la niebla se dispersa. Su hijo muere, con su imaginación.